jueves, 25 de febrero de 2010

¡Crimen sin Castigo!


“A la Memoria Inolvidable e Inmaculada de Ana Cecilia. Mi Bonita Chinita, mi Linda y Bella Nieta”.



Ana Cecilia mi dulce nieta falleció el jueves 30 de octubre del 2008 en la Clínica “Puerto Ordaz”. Murió después de catorce días de agonía, luego de sufrir los ataques mortales de la enfermedad denominada Preeclampsia, enfermedad común entre las mujeres parturientas en la primera mitad del siglo XX, pero muy poco frecuente en la actualidad. Una simple prueba de sangre podría ayudar a detectar, a descubrir en los primero meses de gestación, la posibilidad de que la futura madre desarrolle preeclampsia, una complicación del embarazo causada por un aumento de la tensión arterial.

Investigaciones científicas señalan que un nivel bajo de proteína en la orina durante las primeras etapas del embarazo podría ser una señal de que la madre desarrollará esta terrible enfermedad, pero un presunto doctor en medicina, con post grado en Ginecología y Obstetricia, de apellido Tovar, no realizó ninguna investigación o estudio de la enfermedad, y por pésima práctica médica, mi inocente nieta de 25 años perdió su joven vida. ¿Este crimen quedará sin castigo? ¿Las autoridades no investigarán la negligencia médica en este increíble caso? los familiares de la víctima solicitan de las autoridades competentes una profunda y completa investigación que rodearon la muerte de mi nieta Ana Cecilia.

La Preeclampsia, casi siempre se presenta entre el segundo y tercer trimestre de gestación y se caracteriza por una alta tensión arterial, la presencia de proteínas en la orina y retención de líquidos, por lo que médicos optan por inducir el parto para que la vida de la madre no corra peligro. ¿Por qué el presunto galeno no aplicó sus conocimientos científicas para salvar la vida de Ana Cecilia? Lo más doloroso del caso lo constituye el absurdo dictamen, según el cual, la embarazada madre pariría entre el 29 y el 30 de octubre. Los doctores René Machuca y José Antonio Rodríguez practicaron la cesárea el jueves, 16 de octubre, pero el crimen ya había sido consumado.

Según mi círculo familiar y amistades cercanas, soy catalogado como hombre ateo, es decir, no creer en Dios, o motivos religiosos. Desde la aplicación de la cesárea el 16/10/2008 hasta el momento de la muerte ocurrida el 30/10/2008, recé, supliqué y lloré por la vida de mi nieta bonita. Recé, Supliqué y Lloré por la vida de mi chinita linda. Nadie me oyó. ¿Quién puede creer en dogmas religiosos, cuando impotentes sentimos que el ser querido pierde la vida minuto a minuto, como consecuencia de una incapacidad médica? ¿Quién puede creer en bálsamos y milagros religiosos, cuando por culpa de la negligencia médica, fracasa la llamada ciencia de Hipócrates y Galeno? generalmente los llamados ateos tienen toda la razón científica para dejar de creer en falsos ídolos. La noche de la muerte de mi nieta, su madre con justificada razón y rabia, exclamaba: “Desde este momento seré mas rebelde y más incrédula”.

Su acción desesperada tiene toda la razón, pues acababa de perder a un amor insustituible en su vida vacía. Respeto las distintas corrientes y creencias religiosas, pero no las comparto ni creo en ellas. ¿Por qué? porque son como los partidos políticos.

Existen centenares de religiosos ¿Cuál tiene la verdad absoluta?.

Ningún crimen puede quedar impune. No puede quedar sin castigo, y los médicos abusando de su condición económica y social pueden gozar de impunidad para cometer delitos mortales contra sus pacientes. Muchos crímenes en Ciudad Guayana cometidos por médicos inescrupulosos de lujosas Clínicas, han quedado sin castigo ni sanción moral o administrativa. El crimen de mi nieta no deben quedar sin castigo.

Fuente:nuevaprensa.com.ve

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